
Al Real Madrid se le evaporó en noviembre todo aquello que parecía prometer en octubre, después de ganar por fin al Barcelona en el Bernabéu. Desde aquella ilusión en la cumbre, hasta el tropezón contra el penúltimo de la tabla, un Girona que emite señales de que empieza a remontar el vuelo después de una caída libre alarmante. Las del equipo de Xabi Alonso resultan preocupantes: solo ha ganado uno de los últimos cinco partidos. Ha dejado escapar tanto que ha perdido la cabeza de la Liga, un punto por detrás ya del Barça, del que había llegado a distanciarse cinco. El Madrid se ha desajustado, aunque en Montilivi recuperó la intención de presionar arriba y lució algo más de espíritu. Insuficiente como en los últimos tres partidos del campeonato nacional, tres empates sin lucir demasiadas armas.
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Paulo Gazzaniga, Hugo Rincón (Alejandro Francés, min. 71), Vitor Reis, Álex Moreno, Arnau Martínez, Bryan Gil (Joel Roca, min. 71), Azzedine Ounahi (Abel Ruiz, min. 82), Iván Martín, Viktor Tsygankov (Yáser Asprilla, min. 71), Axel Witsel y Vladyslav Vanat (Lancinet Kourouma, min. 82)
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Thibaut Courtois, Fran García (Álvaro Carreras, min. 89), Antonio Rüdiger, Trent Alexander-Arnold (Gonzalo García, min. 89), Éder Militão, Aurélien Tchouaméni (Rodrygo, min. 71), Federico Valverde, Jude Bellingham, Kylian Mbappé, Vinícius Júnior y Arda Güler (Eduardo Camavinga, min. 45)
Goles
1-0 min. 44: Azz-Eddine Ounahi. 1-1 min. 66: Kylian Mbappe
Arbitro Ricardo de Burgos Bengoetxea
Tarjetas amarillas
Gazzaniga (min. 41), Azz-Eddine Ounahi (min. 58), Vladyslav Vanat (min. 73)
Casi la única buena noticia para Xabi fue Militão, recuperado tras su lesión, y cuya posición marcaba la temperatura del encuentro. Cuando el Girona emprendía la salida, saltaba al campo contrario, persiguiendo a Ounahi casi hasta el área de Gazzaniga. Su avance señalaba tanto las intenciones del Madrid como al futbolista más peligroso del rival. El movimiento del brasileño sostenía un nuevo empeño de Xabi de ir a buscar muy arriba al rival. Los ajustes no resultaban perfectos, pero la intención volvía y los jugadores dejaron tramos en los que conseguían recuperar en zonas muy avanzadas, la idea madre de su entrenador.Las intenciones del otro banquillo eran similares, aunque las ejecutan desde las catacumbas de la clasificación. Pero Míchel sigue convencido de que ese es el camino y de que cuando ajusten el mecanismo remontarán el vuelo. Al Madrid ese empeño le provocó muchas dificultades. Trent, Güler y Valverde no encontraban el modo de avanzar por la derecha. No les duraba la pelota, y el Girona disfrutaba de ratos de tranquilidad tocando en territorio enemigo. Necesita resultados que apuntalen sus convicciones, pero Míchel parece tener razón: el viento está a punto de rolar para su equipo. Pese a la colección de bajas con la que comparecían, lucen más solidez que en los titubeos de principio de curso.Seguían con diligencia un plan claro. Si no recuperaban el balón cerca de Courtois, retrocedían para juntarse donde Gazzaniga. Ahí, apretados, suponían un problema incómodo para el Madrid, que no encontraba la manera de asaltar la fortaleza. La bordeaban tocando y en ese manejo iban bajando las revoluciones. Se adormecía la pelota entre múltiples intercambios de posición, mucho baile horizontal con poco picante. Apenas algún tiro lejano en una noche en la que a Vinicius se le había evaporado el ingenio. Todo lo suyo moría de manera prematura en el intento. Una frustración tras otra. El Madrid no fluía. Mbappé mantiene su energía, pero el mundo le resulta más hostil con menos espacios. Pese a todo, mostró una rebeldía insistente a la que trató de sumarse el resto de su gente. Güler, desplazado de la media punta, resultaba irrelevante. Lo sustituyó Camavinga después del descanso. Bellingham no conseguía agitar nada. Lo mejor que encontraron en Montilivi fueron los centrales. También volvía Rüdiger después de casi tres meses. Tanto él como Militão exhibieron una autoridad apabullante. El brasileño, además, dejó un cabezazo estupendo al que respondió Gazzaniga con una estirada formidable.El Girona, que tenía controlado al Madrid, crecía a medida Ounahi encontraba espacio y aparecía por el centro. Es un elegante bailarín de gran inteligencia que consigue provocar grandes efectos con un catálogo aparentemente contenido. La misión de vigilancia tenía mucho sentido. El marroquí apareció suelto en el área y mandó a la red un balón que le había dejado con suavidad Tsygankov.Por detrás el marcador, el Madrid recurrió al caos impulsado por el rebelde Mbappé. Elevó la velocidad, recuperó más arriba, apareció el desorden. El descontrol prometía más que el equilibrio. Pero también para el Girona. Vanat se encontró a solas con Courtois y el belga mantuvo en el partido al equipo. Un clásico al que sucedió otro. Vinicius, tan impreciso, se escapó por primera vez hasta la línea de fondo, entró al área, Rincón le pisó el pie derecho y el árbitro pitó el penalti con el que empató Mbappé: otro clásico. El resto ya fue solo desesperación del Madrid, embotamiento de ideas mientras volaba el cronómetro y el Girona se escapaba en alguna contra. Se fue noviembre y con él, el liderato del Madrid en una crisis que no se corta.
