Cada vez que Hassan escucha el ruido de los aviones se estremece. “Si llega el avión, luego vendrán las bombas”, dice con su lógica infantil este niño de edad escolar nacido en Gaza. Tras sufrir la guerra en Palestina en sus propias carnes, huyó hace un mes a Egipto y ahora espera encontrar en España un tratamiento contra su tumor cerebral. “Echo de menos a mi padre y a mis hermanos. Tengo miedo de no volver a verlos”, comparte a punto de despegar desde El Cairo, la capital egipcia, hacia Zaragoza.No hay día que Hassan, nombre ficticio, no recuerde el 13 de octubre de 2023. Un proyectil de las fuerzas israelíes alcanzó su casa en Gaza y quedó atrapado en los escombros. “Estaba en el cuarto de baño, escuché un ruido, y me encontré bajo el polvo”, recuerda. Gritó como gritaba su madre, también atrapada en otra parte de la casa. “Me di por muerta”, recuerda ella. El menor acabó con una pierna rota, heridas en el ojo y grapas por todo el cuerpo.Su vida se ha convertido en una huida constante. Contra las bombas, la guerra; y contra el tiempo, la enfermedad. Esta tarde ha aterrizado junto a otros 12 menores enfermos de cáncer y 22 familias para tratar su patología en hospitales de Cataluña (atenderá a seis pacientes), País Vasco (cinco), Navarra y Asturias (uno cada uno). El avión de evacuación, coordinado por el Ministerio de Sanidad, ha aterrizado en la base aérea de Zaragoza. La intención era que inicialmente pasaran la noche en la capital aragonesa y que se desplazaran el jueves hacia el resto de comunidades, pero la fragilidad de algunos de los pacientes ha obligado a movilizar una flota de ambulancias de la Cruz Roja para transportar a la mayoría directamente hacia los hospitales.A la espera de encontrar una solución para sus hijos, los padres también llegan con heridas invisibles. “No hay palabras para describir lo que hemos pasado”, explica la madre de Hassan. “El impacto emocional de la guerra es indescriptible, no nos encontramos bien y sufrimos estrés postraumático”, insiste la mujer. Lo peor, dice, fue pensar que no podría cuidar más de sus hijos: “Cuando se derrumbó nuestra casa solo pensaba en si mis hijos estarían vivos. Quería moverme pero no podía, sentía estar bajo el hormigón, atrapada. Pensaba que me moría y pedí a Dios que me cuidara”. Agradecida por la oportunidad de llegar a España, le preocupa cómo estará su familia. “Me preocupan los que se quedan atrás. O acaba la guerra o seguirá el infierno para nosotros”, lamenta.Colaboración internacionalLa operación de rescate responde a una acción del Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias de la Comisión Europea y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, el Gobierno de Eslovaquia ha colaborado poniendo a disposición el avión medicalizado para el transporte de los pacientes y familiares. Un equipo médico viajó hace unos días desde España hasta Egipto para realizar evaluaciones médicas y sociales para valorar la acogida de los menores y su tratamiento oncológico en los hospitales españoles. También colabora la ONG Accem, que acompañará a las familias en terreno español. “El objetivo es atender las necesidades médicas urgentes de los niños y que estén acompañados por sus familiares más cercanos durante el tratamiento”, defiende el Ministerio de Sanidad a través de un comunicado.Los dispositivos de evacuación médica de este tipo se activan cuando un país se enfrenta a un desastre que desborda su capacidad de respuesta y requiere ayuda por la vía del mecanismo de protección civil y cuya activación involucra a miembros de la Comisión Europea para movilizar asistencia y expertos de los países participantes. España ha participado en anteriores operaciones para asistir a pacientes provenientes de Ucrania, Moldavia y, más recientemente, de Macedonia del Norte.

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